(2Co 10:3 [RV60]) Pues, aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas.
La palabra “militamos”, que usa el apóstol Pablo, nos trasmite la idea de que servimos en una campaña militar, que tenemos que librar un combate y de eso se trata nuestra carrera apostólica. La iglesia y el ministerio quíntuple que la preside, deben cambiar su mentalidad, dejar el entretenimiento y asumir seriamente estas verdades:
Existe una campaña militar que incluye a todos (no solo a los líderes e intercesores). Esta carrera no se milita según la carne (ejército o fuerza humana), sino por el Espíritu. Nuestras armas no son físicas, son espirituales y poderosas en Dios y, nuestro combate no es contra los seres humanos.
Batallamos contra un ejército bien organizado jerárquicamente que tiene estrategias, artimañas y metodologías de ataque (Ef 6:11-12). Pero el Señor, que destruyó el imperio de la muerte, nos ha dado autoridad (el privilegio, la capacidad, la fuerza y la maestría) para hollar (pisotear) toda fuerza (poder, autoridad) del adversario y nada (ni siquiera uno, ni hombre, ni mujer o cosa alguna) te hará el mal o te producirá agravio.
(Lc 10:17-19 [RV60]) Volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre. Y les dijo: Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará.
0 comentarios