El apóstol Pedro, en el cuarto capítulo de la primera de sus cartas, nos instruye a vivir el resto de nuestras vidas conforme a la voluntad de Dios y no según los deseos de la naturaleza pecaminosa. Esto nos lleva a preguntarnos cuál es exactamente la voluntad del Señor para cada uno de nosotros.
Al saber que nuestro Dios y Padre es bueno, entendemos entonces que Su voluntad para nuestras vidas es también buena, agradable y perfecta (Rm 12:2). La voluntad de Dios es lo mejor que nos puede pasar, ella es como un camino seguro con garantías eternas donde todo el que lo descubra halla la vida de plenitud que busca.
La voluntad de Dios es ese plan trazado por el Padre, en Cristo Jesús, para usted y su familia. Dios les da un sentido único y trascendental a nuestras vidas al crearnos para cumplir una misión singular. Ahora, debemos entender que para hacer la voluntad de Dios debemos arrepentirnos de hacer la nuestra (Mt 21:31).
Los que hacen la voluntad de Dios son considerados como familia por el Señor (Mr 3:35). Él tiene con ellos un favor y una protección especial. El objetivo de la voluntad de Dios para ti es que sirvas a tu generación (Hch 13:36), pero solo comprobarás que este deseo de Dios es el mejor camino para ti cuando seas trasformado mediante la renovación de tu manera de pensar (Rm 12:2).
La Escritura nos muestra diferentes ámbitos donde la voluntad de Dios debe ser hecha. En la esfera de la oración, orar en otras lenguas es una actividad que el Espíritu Santo realiza conforme a la voluntad divina. Ejercitar esta práctica le ayudará a vivir en la voluntad de Dios (Rm 8:26-27).
También, los sucesos que vivimos, sean buenos o malos, no están ajenos a la voluntad de Dios, sino que son parte de la ayuda que recibimos del Padre para la transformación de nuestro carácter (Rm 8:28). La voluntad de Dios es extender Su reino y conformar Su Cuerpo: La Iglesia. Es por Su perfecta y sabia voluntad que los apóstoles son enviados y empoderados para anunciar el mensaje en diferentes regiones. La iglesia debe de ser conocedora y consecuente con la voluntad de Dios en este aspecto (1Co 1:1).
Dar y darse, al Señor, a la obra de Dios y a los ministros de la fe, en servicio, ayuda y ofrenda es el resultado de operar bajo la voluntad de Dios (2Co 8:1-5). Hacer el bien, con la motivación correcta, es lo que Dios desea que hagas continuamente para tu familia, la Iglesia o la sociedad donde usted vive (Ef 6:5-8).
En el aspecto moral, la voluntad de Dios es nuestra santificación. El deseo de Dios es que su pueblo se aparte de las fornicaciones y que cada persona tenga un matrimonio en orden. Dios nos ha llamado a vivir una vida santa, justa, sobria y piadosa, y para eso nos ha dado Su Santo Espíritu (1Ts 4.1-8). La voluntad de Dios, en el ámbito del evangelismo, es testificar, junto a Su Iglesia, de la veracidad y la grandeza de esta salvación, con las señales, los milagros y los repartimientos del Espíritu que Él decida (He 2:2-4).
En la esfera social, la voluntad de Dios es que uses tu libertad para hacer el bien, y que haciendo esto silencies a los hombres insensatos e impíos que se oponen a la fe que profesas (1Pe 2:13-16). En el ámbito profético, la voluntad de Dios es brindar luz, guianza y un sendero seguro a Su pueblo a través de las Escrituras y del verdadero ministerio profético (2Pe 1:19-21).
En resumen, debemos conocer y hacer la voluntad de Dios. Según la esfera donde funcionemos, hacer la voluntad de Dios debe ser la prioridad en nuestras vidas. Sigamos el ejemplo del Señor, que, a pesar del trago amargo que sabía iba a tomar, dijo: “que se haga Tu voluntad y no la mía”.
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