La Alabanza
Como creyente en pacto con el Señor Jesucristo formas parte de Su milicia apostólica y tienes una carrera por delante. Desde que naciste de nuevo puedes entrar en el reino y heredar en él. Y una de las bendiciones a las que tienes acceso es a la armadura de Dios.
Una de las armas para librar tus batallas diarias es la alabanza a Dios. Alabar a Dios es proclamar Su Grandeza, Su Majestad, Su Victoria y las grandes cosas que Él ha hecho. Un pueblo entendido alaba al Señor porque sabe que esta arma desbarata la organización del adversario y entrona al Rey en el lugar donde es alabado (Sal 22:3).
Es por eso que cuando alabamos en Espíritu y en verdad, los demonios salen porque Dios se entrona (se sienta y legisla). Cuando alabamos a Dios, Él estremece todo de repente, quita nuestras cadenas y libera también a los que nos rodean (Hch 16:23-26). La alabanza cerca, protege (Is 60:18), es una fortaleza y lugar de refugio espiritual (Sal 8:2; Mt 21:26) para el que la practica. Ella protege nuestra comunión con la presencia de Dios y nos mantiene conectados con el movimiento de Su Gloria.
El ayuno
Otra arma que siempre empodera al creyente para pelear la buena batalla de la fe es el ayuno. Ayunar consiste en abstenernos de alimentos. Sin embargo, si no nos abstenemos también de lo mundano, nuestro cuerpo estará ayunando, pero nuestra alma no. Tenemos que ayunar fisiológica y almáticamente, para que nuestro espíritu sea gobernado por el Espíritu Santo.
El ayuno nos desconecta de lo mundano, nos dota de dominio propio y trabaja nuestro carácter. Agudiza nuestra percepción espiritual ayudándonos a discernir y percibir las cosas en el mundo espiritual. El ayuno nos empodera para enfrentar a las tinieblas, porque existen géneros de espíritus que no salen de los cuerpos y de los territorios si no es con ayuno y oración ferviente (Mt 17:21).
Es preciso que la Iglesia ayune, que ore sin cesar, que eleve su nivel de santidad, espiritualidad e intimidad con el Señor y que no se amolde a la religión ni a las corrientes de este mundo, sino que impacte la sociedad que le rodea manifestando el reino de Dios con demostraciones constantes de amor, poder y santidad.
0 Comments