Los tiempos que vivimos necesitan un despertar espiritual de la iglesia y un derramar desbordante del Espíritu Santo. Por décadas la iglesia en Cuba ora por avivamiento y ha disfrutado de poderosos avivamientos. La crisis que vivimos es el preámbulo para un movimiento espiritual cada vez más necesario. Cada movimiento de Dios se origina y es pensado en la sabiduría de Dios, pero nace y se manifiesta en el tiempo según la soberanía de Él. La nación de Cuba está por experimentar el poder del reino en magnitudes mayores a las que ya hemos visto. El deseo de Dios es revitalizar a su iglesia y avivarla para recoger una gran cosecha.
Honrar la presencia de Dios y obedecer su guianza es clave en un movimiento. La presencia de Dios y sus manifestaciones no se pueden fabricar. O usted está ungido con el Espíritu o no lo está. La manifestación de la presencia de Dios es clave en un mover espiritual por eso debemos buscar a Dios con mayor intensidad. La presencia trae la vida, el amor y la transformación en el corazón de las personas. Ella es la clave de todo movimiento de Dios.
Se necesitan también hombres y mujeres rendidos al Espíritu Santo y apasionados por la salvación de miles de almas para que un mover de Dios nazca, se fortalezca y permanezca. Los seres humanos escogidos y habilitados con el Espíritu Santo son los vehículos de la multiforme gracia del cielo para trasformar la humanidad. Los hombres de Dios y también la iglesia son agentes del reino que producen cambios significativos y duraderos en la sociedad.
Ellos reciben revelación de Dios e instrucciones para el pueblo, además del entendimiento de las temporadas y sus sazones espirituales. Discernir las temporadas e interpretar qué debe hacer el pueblo de Dios es determinante en el avance del movimiento. Los ojos de Dios contemplan la tierra para mostrar su poder a favor de hombres y mujeres que tenga un corazón perfecto (fiel) para con él.
¿Cómo somos introducidos en un nuevo mover de Dios?
Dios pone sus ojos sobre aquel que es pobre y humilde de espíritu y tiembla a su palabra. El hambre espiritual es clave para acceder al movimiento del Espíritu. La humildad también es necesaria. Dios resiste al soberbio, desestima al que se cree sabio en su propio corazón, pero da gracia en abundancia a los humildes. El Padre se cerca al humilde de espíritu, pero mira de lejos al altivo.
El temor a la palabra de Dios es vital para proteger el movimiento de Dios en el corazón. El temor reverente hacia Dios es un profundo respeto por Su santidad. Cuando tememos a Dios y nada compite en nuestros corazones con Él, el movimiento crece interior y exteriormente. El temor a Dios produce obediencia. Cuando hay temor a Dios no hay temor a la crítica u difamación de los hombres que se burlan o se ponen a la verdad.
La adoración es la llave para el encuentro con el Padre. La iglesia es llena de Su presencia con adoración reverente. Con una adoración genuina, sincera y apasionada se toca el trono de gracia y el Padre se derrama sobre sus hijos a través del Espíritu. Él viene cuando adoramos. La Majestad está buscando a los verdaderos adoradores. Él habita (se entrona) en las alabanzas de un pueblo que le adora en espíritu y en verdad.
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