Sí. El Dios y Padre de Jesucristo hace milagros hoy. Los ha hecho siempre, toda la Biblia lo demuestra. Jesucristo, su Hijo, es el mimo ayer, hoy y por todas las edades. Hizo milagros ayer, los hace hoy y los hará siempre.
El hombre religioso es el que ha querido quitarle a Dios Su gloria y ha intentado detener el fluir de milagros. Pero ha sido solo eso, un intento. ¿Por qué lo hace? Porque un milagro confronta su religiosidad y ausencia de compasión por la gente necesitada.
Vivimos en una época donde ser religioso (practicante de la fe, pero con una vida sin milagros) es aplaudido, pero ministrar milagros, liberación, sanidades y el poder del reino es criticado. A pesar de las críticas, los entendidos en los tiempos, desatarán milagros donde esté la necesidad para la gloria de Dios.
Los milagros son sucesos repentinos que hace el Señor. Ellos demuestran que Dios es real y que está moviéndose allí donde suceden. Los milagros prueban que Jesucristo está vivo y que su sacrificio por el hombre está vigente y accesible para todo aquel que cree. La predicación del reino de Dios sin milagros está incompleta. El obrar milagros va en el mismo nombre de Dios.
Uno de los nombres del Señor es Admirable. Esta palabra significa, en el idioma hebreo: milagro. Como dice la canción: “Dios, es un Dios de milagros”. Su nombre lo declara. Sus hijos lo creemos y lo vemos de continuo en nuestras vidas. Los milagros es lo que sigue a todo aquel que está unido a Cristo y que usa la autoridad, el poder y el dominio que ha recibido en el reino de Dios.
Dios hizo recientemente un milagro en la vida de Martha. Ella tenía una condromalasia y osteoartritis en su rodilla derecha. Esto le provocaba dolencias, no podía caminar mucho ni arrodillarse debido a lo que padecía. Había buscado recursos para tratarse médicamente cuando le invitaron a una de nuestras reuniones.
Al llamar a las personas para orar por un milagro en sus vidas, vino el frente. Ministramos el poder de Dios y ella tuvo una experiencia poderosa. Luego nos testificó de su sanidad. Fue caminando, más de dos kilómetros, de su trabajo a la casa. Luego salió de compras a las tiendas y también se arrodilló para agradecer a Dios sin dolor alguno. ¡Él es un Dios de milagros!
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