El apóstol Pablo nos dijo que las armas de nuestra milicia son poderosas para destruir (demoler) fortalezas, argumentos y todo pensamiento desobediente a Cristo (2Co 10:3-5). Desde que te uniste en pacto con Jesucristo tienes la armadura a tu disposición, pero solo funcionará si te encuentras sometido por completo a Su gobierno. Estarás desprotegido en el área donde Dios no te gobierne.

La iglesia debe tener una vida disciplinada y entrenada en toda la armadura de Dios. Ella no es algo que nos “ponemos” o “invocamos” sino un movimiento que vivimos y expresamos. A pesar de estar armados, la armadura no nos protege si le damos “lugar” al adversario a través de la desobediencia.

Las armas para llevar a cabo nuestra milicia nos fueron dadas por Dios (Ef 6:10-18). Algunas de ellas son: la verdad, la justicia, la predicación del evangelio, la fe y la salvación.

La verdad nos hace libres (Jn 8:32), tenemos que conocerla, practicarla y creerla. ¿Qué nos desarma como soldados? Practicar la mentira, creer dogmas filosóficos errados y basados en ellos tomar las decisiones de la vida. Es el conocimiento de la verdad lo que le arma (ajusta) para la batalla.

También, debemos estar confiados en la obra de Jesús por nosotros, mediante la cual nos justificó delante del Padre. Justicia significa andar recto, justificado y sin pecados ocultos. Ella es la base para que las oraciones sean contestadas (Sal 34:15) y es la oración del justo, no del impío, la que tiene mucho poder (Stg 5:16).

La predicación ungida del Evangelio es un arma ofensiva que tenemos (He 4:12) y es tarea de todos los creyentes usarla. La lectura de la Escritura es la mejor preparación para usar esta arma porque por medio de ese ejercicio Dios nos lava, alimenta, sobreedifica y da herencia entre los santificados.

La fe es el escudo que nos protege y nos ayuda a soportar los dardos que lanza el enemigo. Es el fundamento para lo milagroso y para llamar las cosas que no existen como si ya existieran (Mt 17:20; Rm 4:17).

La salvación es el casco que nos protege de la inseguridad, la culpabilidad y el temor que el adversario quiere traer a nuestras vidas. Debemos crecer en el conocimiento de esta salvación tan grande que disfrutamos y afirmarnos en la verdad de quiénes somos por Su Gracia.

(Ef 6:10 [DHH]) Y ahora, hermanos, busquen su fuerza en el Señor, y en su poder irresistible.


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